Un vasallo se inclinó a sus pies,
con suspiros de libertad,
en sus ojos con lágrimas plateadas,
susurro su nombre.
Argentina me llamo,
y el silencio acompaño el nombre,
vengo de muy lejos,
donde un rey todo lo puede.
Levántese y camine,
le esbozaron con parsimonia,
ha llegado a su tierra,
y llevara su nombre.
Así nació la historia,
a la mirada del mundo,
con sables y lanzas se abrió paso,
en quebradas profundas,
y nieves eternas.
Argentina se llama,
brillara para siempre,
los corazones alborotan,
la sangre fluye como ríos,
Argentina amada patria mía.
JUAN CARLOS VILLANUEVA

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