Al pisar la roca humedecida,
un perfume de mar lleno mi vida,
gaviotas, cormoranes y petreles,
de la costa yo miraba.
Un velero allá a lo lejos,
con velas desplegadas,
con rumbo incierto se mecía,
una proa enmohecida me miraba.
Mi corazón de marino estremecía,
la marea que dé a poco se acercaba,
cuantos puertos en mi vida abre tocado,
cuantos amores inconclusos se quedaron.
Hoy solo recuerdos me acompañan,
mirar el mar desde la costa,
lágrimas de sal, vuelven al mar,
intensa vida que he dejado.
Cuando daría por volver,
a aquel velero en alta mar,
sentir del palo, las gaviotas,
mirar el horizonte un cormorán.
JUAN CARLOS VILLANUEVA
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