El gaucho no se hace gaucho,
hasta su primer berrinche,
al destete de su madre,
ya toma las boleadoras,
su destino es la tierra,
su futuro es el camino.
El gaucho no es de llorar,
ni aunque una prenda, lo deje,
rumbea a la pulpería,
para esgrimir sus razones,
y entre copas de caña,
a una guitarra se prende,
ahí contará verdades,
entre versos y lisonjas,
se acordara de su vida,
de su amada y de las otras.
El gaucho seguirá su ruta,
aunque la tormenta escampe,
su destino es el camino,
en busca del cielo abierto,
si una estrella lo ilumina,
ahí plantara su apero,
y pensara por la noche,
cómo encontrar otra amada.
JUAN CARLOS VILLANUEVA
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