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domingo, 9 de octubre de 2016

NAUFRAGIO

Tan inmenso es el mar,
y yo solo soy una burbuja,
en la cresta de sus olas plateadas,
apenas si mira una gaviota con desdén,

Mis ojos ya no miran,
el reflejo le ha quitado la frescura,
la sal cubre mis poros, y el sol hace lo suyo,
con mi carne herida, arde como fuego, sangra.

Lucho por mi vida,
no puedo morir en estas aguas,
en mi inconsciencia, siento las aves de rapiña,
cada vez más cerca, mas amenazante, ellas quieren muerte,

De repente un silbato,
entreabro los ojos tímidamente,
con la poca fuerza que hay en ellos,
una figura humana me hace señas muevo mi brazo.

Aun dudo si estoy vivo,
o por el contrario es el sueño de mi muerte,
pero no, alguien me toma de mis brazos, me sacude,
y elevándome como una pluma me aferra a su pecho, es la vida.

Mi cabeza es una bruma,
la memoria es débil, mezquina,
se que estaba en un velero que dormía,
las olas me tenían como un niño meciéndome.

Hasta que llegó la tempestad,
un palo se quebró ante la furia,
las velas se hicieron mil pedazos, tristeza,
y yo comencé a sucumbir ante la muerte, lentamente.

Pero el mar y sus códigos,
acertó al pasar de, otro navegante,
y al mirar al sotavento de su nave, cabuyería,
le hicieron pensar en un naufragio y era el mío.

JUAN CARLOS VILLANUEVA





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