Tiempo que pasa como el viento,
palabras que se dicen y no se sienten,
reloj de arena que sucumbe en un cristal,
amor de varias noches, pero no de siempre.
Vida que deja recuerdos,
de buenos momentos, de pasiones,
de noches de lunas y estrella fugaces,
y una mirada perdida en lontananza.
Crisol de razas el mundo,
va y viene con el paso de centurias,
a cada momento se transforma ,
el devenir de los años te hacen sabio.
Y al mirar lo pasado,
se cosechan frutos, y miserias,
como un juego de palabras se entrecruzan,
el bien y el mal, en un fino hilo de equilibrio.
Tiempo quejoso, sin retórica,
suma a la bondad del alma, la nutre,
la hace suya para absorber los cambios,
para ser el testigo de una vida apasionada.
JUAN CARLOS VILLANUEVA
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