Paramo, el viento sopla,
el frió se mete en los cuerpos,
ya la luna alumbra, con destellos de plata,
la Patagonia se agiganta, a lo lejos el lucero.
Paramo, la soledad me acompaña,
la quebrada, como un tajo en la tierra,
se hace grande, secciona la meseta es un refugio,
la barda me cubre, pero el frió sigue muy intenso.
Paramo, entre recuerdos,
del calor de un hogar y una mujer,
de brazos y de besos, de manos suaves,
de perfumes de otros
tiempos, de amor.
Paramo, de sueños,
recostado en la ladera,
con una piedra como almohada,
horas eternas en mi mirada de baqueano.
Paramo, no te lleves la vida,
déjame mirarla esta noche unas horas,
tal vez mañana, sea tarde, sin sentido, triste,
para recordarte mi querida e inmensa Patagonia.
JUAN CARLOS VILLANUEVA
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