En el prado poblado de rosas,
se veía el roció del amanecer,
y en sus labios se notaba,
una noche cargada de amor,
era un nuevo día, un nuevo sol,
la noche con su encanto,
el día con amor.
perfumada la tierra,
con su verde pasto,
animales saciando su hambre,
desniveles de tierras en la distancia,
y ella paseando sus encantos,
entre rosas blancas y lirios en flor,
pensaba en ojos imaginarios,
apreciando su belleza,
mas allá de aquel
prado,
temblando sus manos,
tomo un lirio entre sus dedos,
colgó en su pecho como
un prendedor,
agito su cuerpo un poco agotada,
de mirar colores, sentir los perfumes,
de un prado eterno,
día de pasiones y de mucho amor.
JUAN CARLOS VILLANUEVA
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