Esas manos, que levantaron,
El yugo de la vida,
Son las mismas, que acariciaron tu rostro,
Secaron mil lágrimas,
Abrazaron tu cuerpo de mil formas,
Para que no sientas el abandono de tú sueños,
Esas manos, que vuelven,
Una y otra vez, como señal de vida,
Las que portan un ramo de flores,
Para alegría de tu corazón,
Son las manos de dios,
Que las hizo instrumentos de amor,
Esas manos sirven, para amarnos,
Para escribir el poema de la vida,
Para tenerte más cerca o más lejos,
Para expresar tristezas y alegrías,
Para proveer tú alimento,
Y hacerte sentir que eres única,
No habrá nada, que las reemplace,
Ni amor, que las desplace,
Porque ellas son únicas,
Ellas son las manos de dios.
JUAN CARLOS VILLANUEVA
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