Una flor nunca muere,
cuando su perfume,
trasciende el más allá,
donde reparte su aroma.
Una flor nunca muere,
aunque el frió marchite
sus tallos,
porque el perfume
permanece en el aire,
ese aire que penetra
los pulmones,
se aloja en el corazón
de una persona.
Una flor nunca muere,
porque trasmite la
esencia de la vida,
los perfumes, que
hablan de amor,
el abrazo de la vida,
ese tierno néctar
bajo la luna que abraza
los cuerpos,
de la braza del sol,
que tiñe sus cuerpos,
del amor que pasa por
sus almas.
JUAN CARLOS VILLANUEVA
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